¿Cuántas veces hemos asistido a talleres de capacitación en los cuales nos encontramos con una serie de actividades que apuntan a que pasemos un momento agradable, distendido, y que de alguna u otra forma nos olvidemos de los problemas que diariamente tenemos que enfrentar y resolver en nuestros puestos de trabajo? Si el objetivo está planteado en esos términos y estamos de acuerdo con ello, bien. No obstante, sabemos que el mundo laboral y en particular las relaciones interpersonales que ahí se generan, son complejas, dinámicas y variables. En este sentido, es casi inevitable que en un Taller de Trabajo en Equipo o de Relaciones Interpersonales, encontremos participantes con opiniones divergentes, paradigmas que se contraponen o cuando es más crítico, valores o principios disímiles. Claramente, el nivel de divergencia tendrá relación con el grado de desarrollo y de cohesión del equipo de personas, el tiempo que llevan trabajando juntos, las veces que han tratado de resolver sus diferencias y los resultados que han tenido; aspectos importantes que deben ser evaluados por el o los relatores antes de realizar la actividad de capacitación.

Pero independiente de este último punto, que de todas formas hay que considerar en el desarrollo de la actividad, debemos estar claros que si queremos mejorar el desempeño de nuestro equipo de trabajo, y tener una mejor convivencia entre nosotros, debemos estar preparados también a pasar momentos que no necesariamente van a ser cien por ciento “agradables”.

Esto no significa asumir una posición extremadamente grave, y creer que sólo vamos al Taller a resolver nuestros conflictos más profundos, o que obligatoriamente debamos pasar por una etapa “tortuosa” o descarnada. Muy por el contrario. Debemos pensar que las metodologías lúdicas, el contexto de esparcimiento y el ambiente de relajo, son medios a través de los cuales podemos fortalecer nuestro trabajo personal y el del equipo que conformamos. El problema, o más bien la distorsión, se produce cuando el foco de atención es el entretenimiento y su consecuente superficialidad, lo que lleva a olvidar que estamos en el Taller para mejorar nuestro desempeño y el del equipo, y que probablemente tengamos que resolver activamente divergencias o conflictos que interfieren en nuestra relación con los demás integrantes. De seguro pasaremos un momento agradable, pero si no está inserto en un proceso de mejoramiento más profundo y prolongado, se desvanecerá rápidamente en el tiempo. Por esta razón, no debemos olvidar que el trasfondo de los procesos de aprendizaje que involucran cambios actitudinales son más bien profundos, progresivos y complejos, lo que es aplicable en particular cuando hablamos de formar equipos de trabajo o fortalecerlos. El trabajo en Equipo no es sólo una declaración de principios, es una actitud que debe ser permanentemente fortalecida.

En la actualidad es relativamente recurrente encontrarse con actividades de Trabajo en Equipo, que apuntan sólo a un nivel de integración y de conocimiento mutuo, donde el entretenimiento y el esparcimiento son los componentes más importantes. De acuerdo a nuestra experiencia, las actividades lúdicas son herramientas introductorias, generadoras de un espacio de acercamiento y de confianza, a través del cual es posible abordar los procesos más complejos del equipo, por esta razón decimos que son medios en función de un objetivo más trascendente.

“Cuando no todo es pasarlo bien”, significa que debemos tener la disposición a abrirnos a un proceso de aprendizaje que probablemente involucre la identificación de puntos ciegos, conflictos latentes o explícitos, rivalidades que perjudican el cumplimiento de las metas o algo más básico como es el mutuo conocimiento de los integrantes de un equipo. Todo lo anterior posee el propósito de generar acciones de mejoramiento que apunten a lograr un mayor desarrollo del grupo y de sus integrantes. Por eso insistimos en la necesidad de asumir los talleres, y en un contexto más amplio, los programas de formación de equipos de trabajo, como un desafío permanente y progresivo, y no sólo como un entretenimiento de fin de semana.

Luis Ojeda S.
Psicólogo
Socio Director de CREDAM Consultores